La más pintoresca historia de muñecas

Leonor Coello, hija del Conde Coello de Portugal, era una dama de la nobleza madrileña que residía en San Sebastián durante la década de 1930.
Era frecuente verla pasear por la playa con su hija de dos años (también Leonor), quien portaba una finísima muñeca alemana de porcelana. Lo curioso y sorprendente para los bañistas era que la muñeca y la pequeña niña rubia de ojos azules vestían iguales. La propia Leonor  era quién dibujaba, cortaba y cosía los trajes de ambas.

Con gran visión comercial, tuvo la idea de convertir a su hija en la musa inspiradora de una muñeca nueva y especial, distinta a las demás, una muñeca que se vistiera como las niñas de la época.

Su antigua compañera del colegio del Sagrado Corazón, María del Pilar Luca de Tena de Fagalde, fue quién aportó el capital inicial.
Inmediatamente, las entusiasmadas socias se abocaron a buscar el nombre para la nueva muñeca,  a inventarle una biografía y lo más importante, a diseñarla y fabricarla.

 

Mariquita Pérez:
Leonor quería un nombre muy español para su creación, por lo que no dudó en consultar a los amigos y compañeros de tertulia de su marido Manuel de Góngora, escritor y  jefe de la revista Blanco y Negro. Leonor les explicó que la muñeca debía tener personalidad propia, historia, una familia, un nombre pegadizo.
Pensaron en María, pero al final se decidieron por el diminutivo, Mariquita.
Respecto al apellido, eligieron Pérez porque era común y de los más extendidos.

Ya en 1939, las dos socias y la niña  viajaron a Alicante para encontrarse con el prestigioso juguetero y artesano Santiago Molina. Le encargaron la fabricación de mil muñecas,  que debían ser idénticas a la hija de Leonor. El artesano tomó medidas a la niña para hacer el molde de la misma. Las mil unidades confeccionadas en noviembre se vendieron todas entre noviembre y diciembre. Vale aclarar que se trataba de un producto de lujo accesible solamente a las clases altas y a la aristocracia.
Las rayas rojas y blancas del vestido se convirtieron en emblema de la casa.

La firma Mariquita Pérez se instaló en sus comienzos en dos sucesivos y sencillos locales comerciales en el centro de Madrid.

Pero en 1950, en plena expansión, la Casa Central en la calle Núñez de Balboa 52 dejó de ser modesta, contando con tres pisos.
El taller estaba situado en la planta baja. En los pisos superiores funcionaban las tiendas de trajes para la clientela, en especial las niñas, que deseaban vestirse igual que sus muñecas.
Mariquita Pérez era lo que hoy llamamos una pyme, con más de treinta empleadas entre diseñadoras, cortadoras, costureras, planchadoras y ayudantes.


Envalentonada, Leonor viajó por todas las provincias españolas investigando cuales eran las tiendas más selectas, para vender en exclusiva su muñeca
En Santander, Bilbao, Segovia y luego en el resto del país, Leonor les proporcionaba la mercancía, papel de envolver con franjas rojas y blancas y el letrero que debía colocarse en el lugar más destacado de la fachada.

Fuera de España, se abrieron establecimientos en Portugal, Colombia, Venezuela, Cuba y en ciudades de Estados Unidos como DallasChicago y  Nueva York. Mariquita Pérez llegó a Buenos Aires en 1948.

Su esplendor duró cuatro décadas. A lo largo de este periodo de tiempo, su estética se modificó varias veces, desde el primer modelo de cartón piedra al último fabricado totalmente en plástico.


Volvamos a nuestro país:
En el año 2004, dos hermanas, Fernanda y Laura Cabezas, desde un local en el Puerto de Frutos del Tigre, plantaron la semilla de la línea de bebotes y accesorios, conocida y reconocida como Casita de Muñecas.
Del Tigre pasaron a San Fernando (su lugar en el mundo), y entre el 2008 y 2011 tuvieron su local en Unicenter.
La expansión no se detiene. Si hablamos de décadas y esplendores, Casita de Muñecas está transitando exitosamente su segundo decenio.
Y va por mucho más.