Jugar con muñecas, un juego de roles

Jugar con muñecas es siempre una buena idea. No sólo fomenta la imaginación, generando un juego de roles en el que los chicos se posicionan como adultos con una profesión establecida, sino que además sale a la luz su instinto de protección. Su juguete pasa a formar parte de su vida como si fuera un hijo, un hermanito menor o un mejor amigo, al cual “cuidan”, “le enseñan”, “lo llevan al médico” y le “preparan la comida”.

Desde pequeños comienzan a desarrollar un instinto maternal o paternal, y se vuelven muy cariñosos con sus seres queridos. Estos juguetes simbólicos hacen que los niños comiencen a imitar a los adultos. Así aprenden nuevas actividades, adquieren diferentes habilidades, amplían su vocabulario y se ponen en los zapatos del otro. Jugar al “papá y la mamá” los ayuda a comprender su relación con sus padres y los prepara para el rol que probablemente cumplirán en el futuro.

Muchas veces, los chicos utilizan sus muñecas como medio de expresión de sus sentimientos. Cuando están contentos, abrazan a su muñeca. Cuando están nerviosos, la dejan de lado o la retan por “portarse mal”. Lo importante es que, a partir del juego, aprenden a sobrellevar los conflictos y solucionarlos por su cuenta.

A la hora de jugar, es recomendable darles a los chicos la oportunidad de que se entretengan libremente, sin ponerle freno a su imaginación. De esta forma, desarrollarán su autonomía, sus instintos, sus intereses y su personalidad. También aprenderán a ponerse en el lugar del otro, respetarlo, cuidarlo y escucharlo.